Nuestro reloj biológico responde a la luz. La luz diurna favorece la producción de serotonina y dopamina, que activan la atención y estimulan la actividad. Sin luz aumenta la melatonina, que nos induce el sueño. Ambientes cerrados con escasa iluminación artificial, de intensidad constante y monótona nos aísla de estos ciclos.
La iluminación natural es un elemento prioritario. Si no es posible, buscaremos una fuente lumínica que se le parezca lo máximo posible, favoreciendo un entorno laboral sano y proporcional a la productividad y el bienestar de los usuarios.